domingo, 26 de marzo de 2006

Cuando las palabras cesan

Diez veintiséis de Marzo.

Todo el mundo tiene alguna fecha señalada en su vida. El cumpleaños, para empezar. El santo de uno. San Calentín, por qué no. O un aniversario: la primera cita, la primera vez, la primera comida (juntos y en familia, degeneraos). Incluso la fecha en que alguien aprueba finalmente un examen que le lleva persiguiendo años y años y años.

Hoy hace diez años, damas y caballeros, del día en que comprendí que mi vida corre más que yo y que no está dispuesta a esperarme. Como la vida de otra persona muy especial corrió mucho más que ella y la dejó atrás.

Me vais a permitir que me ponga serio. A fin de cuentas este es mi blog, yo decidí el tono humorístico-protestón, y aunque sea por una vez puedo alterarlo. Hace hoy diez años yo todavía creía que las cosas se solucionaban solas, que no tenía por qué implicarme en problemas que no eran míos, que aunque fuese en el último momento la salvación siempre llegaba. Hace hoy diez años, exactamente, perdí a la que ha sido sin yo saberlo una de las personas más importantes de mi vida. Y con ella, perdí esa concepción del mundo.

Diez años.

Y durante todo ese tiempo he tenido que madurar a hostias. No puedo decir que lo haya conseguido, pero creo haber llegado bastante más lejos. Habría preferido no tener que hacerlo, por supuesto. Pero si así ha de ser, al menos he intentado hacerlo bien. He dejado atrás un egoísmo que nadie de los que me conozcan desde hace poco ha llegado a ver (habréis visto el egoísmo nuevo, pero no el antiguo). Ahora me digno a escuchar, a observar, a ser consciente del mundo que me rodea. Ahora intento ayudar a que las cosas salgan bien, en lugar de esperar pacientemente a que se hundan.

Ahora, en pocas palabras, comprendo el mundo de otra forma. Y aún no lo comprendo del todo, pero voy progresando.

Y yo os pregunto: ¿cuántos de vosotros que me conocéis, cuántos de vosotros que me leéis por aburrimiento sin saber quién soy, diríais que podría haber conseguido llegar hasta aquí si no hubiese tenido de quién aprender?

Todos tenemos a gente a nuestro alrededor. Y de todo el mundo hay algo que se pueda aprender. Yo aprendí a no rendirme, a seguir luchando y buscando posibles salidas ante problemas sin solución aparente. Pero aprendí mucho más. Aprendí a valorar lo que tengo, aprendí la importancia de los seres queridos, aprendí a no dejar las cosas sin hacer, aprendí a amar y a entender la música, aprendí a reírme de la vida y de la muerte (y especialmente de mí mismo).

Aprendí todo eso, y más, de una persona que no ha vivido para verme aprender. Aprendí todo eso, y más, de una persona de la que ya no me queda nada nuevo por aprender. Sólo me queda el recuerdo, en el que de vez en cuando escarbo para intentar encontrar algo enterrado largo tiempo atrás que no haya sabido entender en su momento. Lo maravilloso de descubrir una joya en tus recuerdos, que no consigue hacerme olvidar el dolor de descubrir que ya no hay un futuro que aguardar. Salvo, por supuesto, el último futuro.

Estoy dispuesto a esperar. Una vida, sea lo que sea, dure lo que dure, sin impacientarme. Tarde o temprano nos reencontraremos, y entonces toda la espera habrá valido la pena. Porque cuando nos encontremos ya no seré el niño mimado y egocéntrico que sin embargo se empeñaba en hacerte reír cuando podía, sino una persona nueva con el mismo corazón de antaño. Estoy dispuesto a esperar. Tengo lo suficiente en esta vida como para no desesperar hasta la siguiente.

Pero te echo de menos. Como hasta ahora, como a partir de ahora. Te echo de menos. Siempre. El amor no se olvida jamás.



Hasta que la eternidad nos parezca corta.
Hasta la próxima, hermanita.


Montserrat Martínez Fernández.
26-01-1979 / 26-03-1996.
Cuando las palabras cesan, comienza la música.

5 comentarios:

Virginia dijo...

No puedo dormir. He leido el comentario hace unas horas, pero no puedo dormir. Doy vueltas en la cama acordándome y de tí y pensando que ojalá tuviera coche y ojalá tu bebieras cerveza, para plantarme en Algeciras con un pack de seis y darte un achuchón y emborracharnos en la puerta de tu casa. O mirando al mar. Luego he caído en que lo podemos cambiar por mosto.
Iba a pensar algo que decirte y a escribirlo mañana. Algo alentador, con un toque de humor, que te inspirara la fuerza que no te hace falta, o quizás si. Algo que te hiciese sentir que compartimos tu dolor y tratamos de comprenderlo y de ayudarte a soportarlo. Algo así. Busco palabras pero no me sale ni una, supongo que lo entenderás. Recuerdo una noche hace un par de años que llorabas en mi cuarto. Y otra que llorabas en un bar de jevis, sobre el hombro de Adán. Y yo sin saber muy bien cómo achucharte y como mimarte para que te sintieras mejor. Ya ves, se me quedan inútiles estas manos muchas veces, y justo en los momentos más decisivos. Esta noche me siento un poco así, como si me pidieras que te acompañara al piano con otro instrumento que no domino bien: sin saber qué notas he de tocar para hacer sonar tu melodía.

Pero supongo que no importa.

Tú lo sabes todo, y no me hace falta decírtelo, o repetírtelo con palabras. Ni siquiera comerme la cabeza pensando dónde cojones se ponen las tildes, que sabes que no se me da bien. Tu lo sabes. Sabes que te adoro. Te adoramos.

Y a ella también :)

Jack dijo...

Lo sé. Y con eso no necesito más ;)

Dhyrxios dijo...

Que te puedo decir que no te hallan dicho ya y menos yo lo unico que se es que me has ello saltar las lagrimas,algun dia te contare como tu lo has hecho lo que a mi me paso,aunque se lo prometi no la puedo olvidar y creo que eso nunca se olvida y algunas noches la hecho de menos por que sabes,yo todavia despues de 14 años todavia la siento lo unico que te puedo decir de mi mas profundo pesar es que seas fuerte no te hundas y que te apolle en tus amigos por que ellos te haran olvidarla durante un tiempo.

Jack dijo...

Se agradecen tus palabras, pero créeme... ni todos los amigos del mundo me harán olvidarla. No quiero olvidarla, no necesito olvidarla. Sólo dejar atrás el dolor, y eso es algo que poco a poco estoy consiguiendo.

Dhyrxios dijo...

y yo te almiro por eso