viernes, 24 de marzo de 2006

¡Taxi!

Siempre se ha dicho que el chiste más corto del mundo es el único chiste que se ha escrito jamás con sólo dos palabras, y viene a ser algo tal que así:

-¡Taxi!
-¡Señora!

(sí, lo sé, por escrito pierde mucho). Cualquiera que me conozca sabe que realmente el mejor chiste de taxistas, si bien basado en hechos reales, es "¡Pero bueno, es que cruzas sin mirar! ¿Y si te llegas a matar? ¿Eh? ¿Qué hago yo con el cristal?". Para los que no me conozcan lo suficiente, bueno... digamos que en su día me atropelló un taxi y me tuve que ir al hospital en autobús.

Pues bien, me temo que el universo táxico se empeña en (sí, ¿qué pasa? ¡he dicho "táxico"! ¿algún problema? ¿eh? ¡porque todavía te puedes llevar una hostia, vamos a ver!) pues eso, que se empeña en seguir volviéndose absurdo por momentos a mi alrededor. Que no es que me queje... todavía.

A ver. El lunes, por ejemplo, tuve que hacer un enorme ejercicio de autocontrol. Por lo que ya os he explicado supongo que comprenderéis que los taxistas se han convertido en mis enemigos declarados (previos a los peatones suicidas, pero no sabría yo decir quién gana) (bueno, ganan los taxistas porque atropellan a los peatones, qué duda más tonta). Así que imaginad la situación: práctica del coche, yo por una calle en la que hay una parada de taxis. Una larga hilera de taxis aparcados, y todos los taxistas charlando animada y distendidamente en medio de la calle. Para más inri en mi carril.

Bien, no sé cómo os lo habréis imaginado vosotros, pero yo tenía en mi cabeza una voz que me decía "Somos booolooooos... haz un striiiiikeeeeeee..." Por otra parte tenía que coger un autobús a Málaga esa misma tarde en cuanto terminase la práctica, y no me convenía retrasarme. ¿Entendéis ahora el terrible dilema?

Pues cuando yo ya creía que esta semana tenía cubierto mi cupo de anécdotas taxeras (no confundir con táxicas), anoche mismo y sin ir más lejos...

... cogí un taxi. En Málaga.

Bien, un breve resumen: a setenta por hora en poblado, acelerando en las rotondas, saltándose semáforos, metiéndose en dirección contraria, con los Suaves a toda leche, organizando por radio botellones con un tal Guillermín, cuando me bajé se fue marcha atrás...

... lo voy a preguntar ya en serio: ¿PERO ES QUE NO HAY NI UN PUTO TAXISTA NORMAL EN TODA MÁLAGA, O ES QUE TODOS LOS RAROS ME TOCAN A MÍ?